
Y el mundo era tan grande! y vagué sin rumbo como un barco que ha perdido el ancla
Dicen que la experiencia es la profesora más dura: primero te hace el examen y luego te explica la lección.
Fue al salir de Madrid, el último lugar de mi viaje donde tenía amigos, cuando empecé a darme cuenta del problema real que supondría el viaje por delante: pasar mucho tiempo solo.
Si tuviera que definir con una palabra los primeros días de viaje, usaría “aburrimiento”. Organizar medios de transporte, buscar un sitio donde dormir, evitar jaleos y timos… todo eso no es nada en comparación con lo largas que se hacen las horas cuando la única persona cercana que conoces (crees conocer), eres tú mismo.
Pero el ser humano es extremadamente adaptable y poco a poco empecé a darme cuenta de que estaba empezando a disfrutar del sabor de esos momentos en soledad; que ya no me importaba moverme así por cualquier lugar.
Si pudiera volver atrás en el tiempo y darme algún consejo, creo que serían estos:
1. Tómalo con calma
Esta es esencial. Las cosas emocionantes de las películas de viajes no suelen pasar en la vida real, y si lo hacen, probablemente sean en el momento que menos te lo esperes. Paciencia, mi pequeño padawan.
2. Sé consciente del mundo a tu alrededor

Pepsi árabe
Si vas a comer, come. Qué tomarás esta vez? Seguro que hay algún plato nuevo que descubrir. Disfruta de cada bocado, observa a la gente de otros lugares mientras pasa por este ritual culinario diario… hey! has visto esa pepsi en árabe?
Si vas a caminar, camina. Escucha el sonido de la calle, nota el sol (o el viento) en tu cara, la gente que se apresura a ir al trabajo, quiénes son? qué hacen en su día a día? Explora hoy un camino diferente para llegar a ese sitio que te gusta. Piérdete entre las calles de una ciudad desconocida.
Os acordais de la escena en Amelie (alias, la loca de las lentejas) donde habla de disfrutar de las pequeñas cosas? Toma un poco de tiempo poner todos tus sentidos en el momento actual, pero vale la pena.
3. Siempre hay algo que hacer
El abanico de posibilidades de un día normal en un lugar nuevo, es impresionante, aunque muchas veces nos dejemos llevar por la apatía.
Una muestra de cosas simples que se pueden hacer en casi cualquier lugar: leer un libro, pasear sin rumbo, hacer ejercicio físico, tomar un té en una terraza, ir de compras aunque no se compre nada, exposiciones y muestras varias, salir a hacer fotos, llamar a un amigo y charlar un rato, ¿te gusta nadar?, ¿dibujar?, aprender un nuevo idioma y reírte un rato con alguien del lugar mientras te esfuerzas con algunas palabras, encuentra un cyber para chatear un rato con alguien, escribe lo primero que te venga en mente en tu cuaderno… o en tu blag!
Como veis, “no hay nada que hacer” no es una excusa.
4. Sé social

The lonelyness
Tienes 7 mil millones de amigos ahí fuera, pero solo tú lo sabes. La receta para hablar con extraños sin parecer el loco del lugar es tan fácil como sonreir, respetar al otro y hablar con sinceridad.
Aunque a más de uno le parezca raro, fuera de España esto es increíblemente fácil. Siendo el extranjero, eres diferente, exótico (risas aquí) y la gente se siente curiosa contigo.
¿Aún así no sabes como empezar? Sonrisa y un simple “Hola!”.
5. En la variedad está el gusto
La rutina destruye relaciones, produce autómatas con cuerpo de persona, debilita mentes y hace que cada día del calendario sea igual que el anterior.