De viaje: el miedo del último minuto

Goodbye catedral!

Voy a empezar a contar algunas historias de mi viaje actual, ahora que todavía me acuerdo y que ha pasado suficiente tiempo como para verlo con perspectiva.

A finales de enero salí de León después de demasiado tiempo pensándomelo; realmente me costó arrancar. Siempre tenía alguna escusa o encontraba alguna razón que me hacía esperar al menos “un par de días más”.

Cuántas veces habré oído esa expresión; incluso la de esperar a que dejase de llover…  en pleno invierno! y qué pocos impedimentos reales se escondían detrás. Además, es la razón más peligrosa: puedes resolver el papeleo, el tema médico o los visados, pero dejarlo para unos días más… es una solución tan cómoda para ir dejando las cosas, que cuando te quieres dar cuenta han pasado meses.

Y por qué pasa esto si ya lo tenía todo atado y bien atado desde hace tiempo? En pocas palabras, por el miedo del último minuto.

Pero tengo un truco. Cuando el problema parece ser demasiado grande, yo me siento demasiado pequeño y las ganas de dejarlo para una mejor ocasión van ganando la partida, mi solución es concentrarme solo en dar el primer paso.

En el caso que nos ocupa, coger mis cosas y un autobus con rumbo a Madrid.